cabello fino y azabache,
entradas extensas que cubren
toda una mente llena de pájaros,
y en los ojos: un torrente de desvelo.
rostro alargado como fresa
y una voz que resuena pechos,
tan solas sus miradas de timidez
que chocan contra el frío exterior.
ay, tus orejas silban el trinar de flores,
y las mejillas blandas yacen un dolor
que masajea cerebros raros,
mientras transitan caminos ásperos.
la frente circunda tanto pensar
en vano que va deslizando,
pasando por una montaña de nariz,
esquiando hasta llegar a los frisos de los labios.
y en los labios que son frío
o se rebelan como desierto,
o se encienden como fuego
mientras el mentón se esconde.
tan vasto es un rostro,
tanto dicen de su dueño
y tan poco se libera de él,
si no ante una caricia que pide permiso y transfigura todo.
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