mis penas estan calladas, y se entreveran en los días que no me veo por ahí, quisiera un poco, pero me mantengo al margen. Si la trimegista confusión de estar ido es mi Yo, cuánto debo de pasar para serme. A veces pienso -o quizás seguido- qué es inevitable mi porvenir, dada la naturaleza de lo que soy, y no sé si temo de que pase, de que me venga un impulso, una idea y un remate; cuando esté solo, sumido e inmerso en correntadas de luces malas.
No sé, no quiero que eso sea lo que pase, quizás no pensar...
El final, el principio y los días que me recubren la pena y el deseo de volar. Aunque disfruto de tapar el dolor, y acentuado cuando no lo entiendo.
Recaería toda mi sofocación en alguien, algo, pero no vale la pena. Mejor me dormito en lo lejano que mis ojos puedan permitirse y tratar de aguantar los días y sus agujas, aprender del faquir que desgasta la piel pero no la mente.
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