¿y si fuera todo esto un sueño? Manejo entre una niebla de pensamiento. Voy buscándote y te veo, te abrazo, me acaricias y luego te vas. Quedo en la tristeza de la noche, junto al vehículo y un Eno de fondo. Cuánta pena aguanta un alma para soportar tanto dolor.
Sabías que te quería y era rehén de tus labios: doloridos, suaves y melosos. No te importó. Corrí llorando hacia el parque, empezó a llover y me escondí bajo unas lonas que hacían de techito... siguió lloviendo igual, traspasando el techo, hasta que por fin dejó de llover.
Así, abrazándome a mil árboles, me quedé cedido por el sueño toda la noche. Me vinieron a despertar unas luces incadescentes. Justo en ese momento la estaba soñado a ella acariciándome, pero se alejó muy asustadiza al tornarse demasiado brillante mi alrededor. Unas luces desconocidas me humearon el cerebro y dejaron marcas en mi piel. Todo fue como un eco en un mar helado, apenas dejó un remanente en mi memoria, de igual forma sentía en mi piel y en los pelos de mis brazos un escalofrío terrorífico pero a su vez inocentemente de curiosidad.
Algo recordaba de sus pieles horrísonas y de sus voces tan peculiares y aterradoras: entre graves guturales a sobreagudos extremadamente chirriantes. Hasta ahí recuerdo vagamente lo que sentía mi cuerpo y mis sentidos, hasta que todo desapareció: fue raro, sentí desaparecer mi cuerpo y la sensación de que el tiempo nunca existió.
Después de sobrevenir a mi mente tantas turbaciones, al levantarme no tenía ánimos, ni fuerzas para sobrellevar nada. Me sentía vacío, como si un yunque se hubiese caído en mi pecho.
Se transmutó el tiempo y me dí cuenta de qué tan extraño es todo. Comprendí en un viaje donde se paró derrepente lo que conozco como tal. Aprendí a apreciar lo metafísico, lo que está fuera de los terrenos de la materia, como si algo me tiró a un río de sabiduría y desconocimiento a la misma vez...
Supe que estamos limitados, angustiosamente llanos e inertes a nuestra caducidad. Mientras tanto existe en la nada, fuera de nuestro firmamento racional, un mándala cubierto de una niebla que evidentemente no es humana, ni animal.
Sigue siendo un misterioso el porqué de estos eventos hacía una persona bastante deprimida en ese momento, momentos en donde parece que todo está fuera del alcance de uno, pero me preguntaba cada tanto: ¿por qué a mi?
Con el tiempo me di cuenta qué fue una señal para un cambio de 180 grados en mi situación, finalmente una comunión entre lo desconocido con nuestra absurda vida, esa conclusión, ese mensaje final qué logré sacar en limpio difícilmente se llega con la razón y por eso sus mensajeros son extraños a todo lo que podamos conocer.
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