martes, 11 de noviembre de 2025

poema

me vi reflejado, en un sueño antigüo,
dónde no podía hablar
y mi voz no encontraba lugar.

toda una vida que se pisa,
un tiempo que corre alado 
y estarme sin hablar, decir,
en un limbo emocional extraño.

no puedo gritar así de repente
mis alas son espinas entre las pieles,
y al final termino callado por ahí 
en un puesto aburrido de reflexión.

mis manos, dedos tocan el vacío 
y nada más se divisa ante mi,
solo un equilibrio forzado
y la seda de una brisa tranquila.

ay, del árbol, de la flor que habla
y que no cesa ante su fijeza eterna
vasta en sí, y respirando eso
me dejo llevar por mi petróleo.

el pecho retumba una melodía 
que no debe escucharse por nadie,
las palabras son iguales:
son tan peligrosas que se hieren ellas mismas.

y una sensibilidad que te aleja,
la facilidad de ser alguien más,
un tipo que se come el mundo
y, hundido por ahí un pusilánime nenúfar.

la luz de la pantalla artificial destruye,
crea, distribuye y guía nuestro ser
prisionero irónico: gozoso de su encierro
y la enajenación cada vez mayor.

al final una luz difuminada piensa,
deshilacha el urdimbre de la vida
que es totalmente ilógica,
sin sentido ulterior, el tiempo es un verdugo movible.

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