un interés, un cambio, una posibilidad y algo nuevo. Todo el tiempo se para, por un momento incierto y frénetico, pero a la vez calmo y racional. Quizás mis tormentas se armonicen en colores con musicalidad.
Una esperanza a través de un viraje, ¿por qué no? y los días son extáticos, mientras espero dar el examen, sumido en sonidos de piano. Liszt me oye, me aconseja y se apiada de mis habilidades, debo de seguir y mientras busque la naturaleza, el sonido, el silencio, la calma mental todo vibrará.
Creo ir entendiendo el porqué del dolor, y la sabiduría de sentarse en un árbol y conocer lo que Buda sintió. La temporalidad se evapora mientras estamos acá: ocupados, armoniosos en nuestro estanque de colorida sonoridad. La búsqueda es profunda pero merecedora. Tanta vastedad con gustos diferentes hacen que valga la pena: hay en el conocimiento un goce; hay en el goce un placer que conecta con la tierra y la conexión se hace a través del arte, que, canalizador nos detiene todo trajinar y nos hace encontrar la belleza, entre tanta mórbida oscuridad. Aunque realmente aceptar esto, encontrarlo y hacerlo propio es realmente vivir, entender qué propósito tenemos en una balsa de sin sentido.
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