La honda sonoridad del piano. Fortes que tocan lo profundo y me dejan cegado por minutos que se detienen y son una ambrosía divina.
Luego se va desarrollando el día: cansino me transformo tirando hacia la noche y trato desesperadamente alejar el mal palpitante de mi ser.
La luz se va disipando y mi mente, activa, ponzoñosa y harpía se transluce en momentos desagradables.
No quería hacerte daño, no quiero cometer delirios en mi boca sangrante que lanza dardos de fuego cada día y noche que pasa.
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