y todo acaba;
la sensación de un vacío,
buscando más allá de dónde
y la quietud del verdor silencio.
quizás bajo mis miradas,
en una enramada gigante,
yazga las areniscas tímidas
de sentirse calmo conmigo mismo.
en una incertidumbre dolorosa,
espaciada entre albas espinas
me marean las opciones
que crepitan el dormir eterno.
mientras tanto el agua, el sol,
y las aves que suavizan el bemol
de mis faquires,
la poesía de la naturaleza.
entonces, solo y meditabundo,
una respiración me llena
toda luna malherida y cura
las tinieblas del concreto errante.
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