Escriba, en tardes donde mi ánimo es una hoja que los estímulos aturden. La tarde me recibió con una consagración de primavera, y la amable caricia hacia mi dolor,; pasajera como un barco de papel que se incinera y es un aliento ante tanta tensión.
Ver las manos lejanas con una óptica desordenada, deprimente en mi burbuja emocional y cambiante. Los días van conociendo mi desconcierto y mi desentono frente a los demás.
Me veo en la soledad de no entender. Y busco la respuesta en tratar de yacer en un acorde, que se va armando en disonancias que van imitando lo que siento, mientras transmito mis penas a mis dedos, aunque sean consonantes las melodías ya escritas. Sigue la comparsa de un carrusel de culpas que me son intrínsecas.
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