me di cuenta que fue suficiente porque sangró, y también mi mente.
A veces quisiera una compañía, una voz que me escuche y un pedacito de carne el cual acariciar con mi cuerpo frágil y mi voz incorpórea. Pero me adentro en mi comodidad de tenerme, de tratar de quererme y vivir el camino. Quisiera que el sol y las plantas revivan, y que su fulgor alcancen toda la vida, aunque tenga que esperar todo mi esfuerzo.
Quisiera abrazar, yacer con música de fondo y ser candoroso en solo gestos. Pero también detesto compromisos y la necesidad de estar obligado a servir el alma a otro. Prefiero que mi alma destelle a todos y a nadie a su vez.
encerrado en un habitáculo, sonando y sonando el piano, saliendo a sacar al perro y de nuevo, de nuevo. La guita es una daga que me tiene tocando el cuello y yo prefiero desdeñar: anhelar un futuro mejor. Quizás tenga razón. Ante la desesperación de vivir un cambio de pesadumbre, luego de toda una caótica oscuridad que fue. ¿Es peor alejarse de eso y empezar de nuevo? no lo creo.
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