impulsivo, una noche de frenesí interior, no pasó nada pero pasa tanto. No sé qué va a pasar, cómo lograré llevar las cosas de esta manera. Estoy viviendo la madurez emocional como una montaña sin caminos. Siento un poco de escalofríos de qué pasa si la soledad está tremendamente encimismada en mi, qué pasaría? No importa, ahora ya estoy acá y no tengo más remedio. Sé que sé cuánto podré solo con intentar y me da lo mismo que pase. Quizás me cree una especie de cápsula en donde pueda protegerme y hacerme, serme, en tranquilidad y apacible sin ajenos. Debo buscar el equilibrio en una montaña sin caminos, debe haber armonía en el caos.
El recuerdo, el momento inexplicable, el hoy y el ayer que me sobrepasa y la duda racional del por qué, no importa. No importa la razón en cuestiones de vivir: somos lo que hacemos, y si no hacemos no somos nada. Y quizás no seremos nada, pero al menos tratamos de hacer algo.
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